Fui con mi amado
a ver su patria,
era de una belleza que resplandecía,
todo eran bosques verdes
y cielo celeste,
cascadas salvajes,
y avecillas que volaban
en el valle, libres,
como las almas nobles
de todos sus habitantes.
Encontré la belleza
de la tierra rica, fértil,
daba alegría y vida verla,
pues eran frondosos sus valles,
que se extendían a todo lo largo
que daba la vista,
vi que era normal amarla,
aunque él fuera de allí,
y yo con él,
la viera y me gustara,
¡era de tal belleza¡
que aunque él no existiera,
yo me iría a vivir allí,
sola, si yo pudiera.
Vi al lado de una laguna
una ermita pequeñita
de paredes blancas,
todo alrededor de ella, flores,
sobre todo de margaritas,
amapolas, alelíes,
madreselvas y cientos de flores nuevas,
que yo desconocía,
era madre fértil para sus hijos,
pues los amaba y bendecía,
dando lo mejor que tenía a todos,
la vida todos los días,
un microclima divino
señores, allí había.
Toqué la tierra,
dentro de sus entrañas,
vi las piedras más divinas
que existían allí, minerales,
rico en geodas, topacios,
diamantes, rubíes, zafiros,
porque eran de aguas cristalinas,
y al filtrarse en la tierra,
las cultivaba ella misma,
y quise besarla, y la besé,
pues sentí amor y alegría,
belleza e hidalguía…
FRAN TRO
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