Estaba cansado, agotado,
nada me hacía ya
tener nada que hacer,
lo había hecho todo,
me aburría el mundo,
sentía el amor hacia el alma
y no quería vivir,
llevaba vidas luchando
por la sabiduría de Dios,
no encontraba alegría ni vida,
sinceramente señores,
la desgana me consumía.
Me acosté en la cama
y pedí ya la muerte,
no quería seguir viviendo
era una agonía el vivir,
más entre sueño y sueño
vi a una niña muy pequeñita,
creí que era un copo de nieve
que había caído del cielo,
más le dije, vete,
no tengo ya edad para ver princesas,
soy la vida sepultada
de siglos de viejas leyendas,
no soy más que el olvido
en estas tierras.
,...Y al decir esto,
un sinfín de cuentecitos
de guerreros y princesas,
un sinfín de duendecitos,
hadas blancas, hadas perversas,
guerreros, dragones,
un universo entero
me puso la niña a mis pies,
para que fuera su Dios
y me pareciera a él,
su poeta divino,
su maestro, su profeta,
Y me vi tan impotente de decirle, no,
que todos los días despierto
con la luz de su creador,
me siento y viene,
me dice hola, estoy aquí,
y ya empezamos todos a vivir,
esto es una sinfonía de colores,
una orquesta y un servir,
que es estar aquí y no estar,
es amar y ser amado,
es nutrirse de la luz
de cristalinas aguas,
mi esencia,
mi amada.
Si me la quitaran,
ya sé que la parca vendría a por mí,
pues sólo quedaría un despojo,
un pobre viejo,
un aliento en la noche,
un quejido en el viento,
un caballero sin honor,
una patria sin guerrero,
un amor sin estrella,
un poeta en silencio,
un alma crucificada
en el universo.
un aullido en la noche,
un lobo sediento.
la soledad,
un muerto,,,
FRAN TRO
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