miércoles, 14 de enero de 2015

CARTA A MIS PADRES


En un acto de desespero,
entre sollozos estas letras les redacté.
No sin antes dejarles saber
que son y seguirán siendo mis héroes de la
película; mi vida real.

No hay en el mundo actores
que puedan reemplazar sus escenas,
aunque en muchas se han llegado a equivocar…
Les perdono por ser los mejores directores,
que ni en Hollywood se haya llegado a cotizar.

Meditando, busqué entre las nubes de mis
razonamientos,
las palabras precisas para poner al descubierto
mis pensamientos,
sin lastimar sus sentimientos.

He notado que les hace falta en el habla,
los sonidos que a mis oídos atraigan la calma.
He buscado entre sus pertenencias
para ver si encuentro su manual (el de padres),
pero no lo hay, no existe.
O a Dios se le olvido inventarse alguno.

Por eso les excuso,
más aun cuando me dicen insultos grotescos o cortantes,
porque ustedes creen
que es la mejor manera de educarme.

Muchas veces he callado mordiéndome los labios,
deseando sacar mi ira
cuando creo que están equivocados,
en el instante que no me dan el beneficio de la duda.
Nunca preguntan el por qué de mis malos actos,
o si es verdad de lo que se me está acusando.
Ustedes siempre sacan sus propias conclusiones
aun sin tener pruebas en mano.

Debo aceptar
que tampoco soy un estuche de cristal
con gemas adentro.
Sin embargo, no puedo contradecirlos:
pensarían que les estoy insultando.
Me desahogo en mi silencioso llanto
y asumo el castigo.
Pago mi condena por delitos
que algunas veces no cometo.

Trato de entenderlos
buscando la historia de su pasado,
de sus ancestros…
Me he dado cuenta que fueron otros tiempos,
donde los castigos eran tan severos
que sangraban ante ellos.
La educación que recibieron fue tan escasa…
eso les hace especiales y admirables ante mi mirada.
Digo en mis adentros:
“Sé porque no me están entendiendo.
Olvidan que vivimos otros tiempos”.

No les juzgo,
sólo pido que me comprendan.
Pocas veces he recibido un “te quiero”,
“te felicito por tus buenas notas”
o “me siento orgulloso de ti”.
He esperado pacientemente
en la alfombra mágica de mi cama,
cualquier palabra de halago
que me haga sentir el amor
que ustedes dicen profesarme.

Quisiera derribar
ese bloque de hielo seco que nos separa.
Admito que tampoco soy expresivo,
pero ¿cómo?,
si nunca nadie me lo ha demostrado,
para de la misma manera proyectarlo.

Sólo quiero que sepan que a mí me duele mucho
el que mi esfuerzo como hijo
y estudiante no se me reconozca;
o ya de perdida el de holgazán,
como ustedes mismos me han bautizado.

¿Cómo les explico que tampoco nadie me ha enseñado
a valerme por mí mismo para tener mis propias responsabilidades,
a pensar en el mañana, en todo lo que implica sexo,
en el ahorro y en el fracaso que como adulto
pueda en un futuro tener?

Llego a tener miedo
si no me hago adicto al estudio…
¿o elimino de mi mente cualquier negro pensamiento?
O si la droga o un negocio ilícito, me lleve
al camino perdido,
¿Pero cuándo podemos hablar de todo esto?

Puntos claves que desde pequeño
se me debieron de haber inculcado,
mas no lo hicieron,
porque siempre estuvieron ocupados
trabajando para darme techo y comida;
cosa que infinitamente se los agradeceré,
aunque en este momento los reflejos de mi
vaga adolescencia claramente no me
dejan esclarecer.

Mi entendimiento me hace entrar en contradicción
cuando creo que a veces soy el mal querido,
el hijo preso por los verdugos de sus progenitores.
Otras veces pienso que sólo quieren hacer de mí,
el trofeo que a sus amigos quieren mostrar
porque han hecho de mí un niño prodigio.
¿Cuántas cosas tontas fluyen como río por mi cabeza
y ustedes están sin darse cuenta?

Entiendo que no lo hacen porque me no quieren.
Sus razones las tienen,
pero alguien debe decirles lo que siento
y que mejor persona que su propio hijo,
el que les ama, aunque odia la opresión
en que lo poseen condenado.
Ustedes jamás me han explicado
el porqué de tanto encierro…
a veces creo adivinarlo.
Aunque me quedara más conforme
si fuesen ustedes mismos,
me lo explicasen el porqué de sus castigos,
de las consecuencias de mis malos actos,
o el porqué deciden quienes serán mis amigos.

Ayúdenme a entenderles.
Quizás yo lo haré mejor hasta que tenga mis propios retoños,
pero mientras, me gustaría que ustedes me lo explicasen
para irle dando el sabor a mi boca de lo que experimentaré,
cuando padre me toque ser.

Ahora también quiero exponerles mis hermosos delirios,
donde ustedes son los protagonistas.
Yo también sueño con castillos,
donde los reyes todas las mañanas se despierten felices
y antes de cualquier reclamo,
le brindan a su príncipe un abrazo,
y un te quiero con un buenos días.

Padres, sólo quiero que sean mis amigos,
que usemos el diálogo,
en vez de gritos y sarcasmos.
Busquemos juntos alternativas
para llevar una mejor convivencia;
nadie nace aprendido
y en grupo todo podemos superarlo.

Me despido, no sin antes dejarles un abrazo
que abra la puerta de una mejor comprensión
donde nunca más crea sentir su rechazo.
Sé que me aman, así como yo les amo.

Ingrid Carolina Amaya -Estados Unidos-

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