domingo, 18 de enero de 2015

CAPÍTULO 1: UNA CAJA OLVIDADA.


Elena permanecía sentada en el asiento del copiloto del Rover estacionado frente a aquella casa maravillosa. Su esposo Alfonso había bajado del coche y contemplaba la vivienda que iba a ser su hogar.

– ¡Ja! ¿No es maravillosa? – exclamaba Alfonso.

Él caminó hasta la puerta cruzándola radiante como el sol que reinaba aquel día. Elena permaneció inmóvil. La verdad es que la casa era de ensueño, no hacía falta entrar para saber que el interior era acorde con la fachada, cualquiera que paseara frente a ella lo sabía y seguramente también la desearía para sí, pero a ella le hubiera dado igual si hubiese sido una de las favelas que habían evitado ver en su último viaje de vacaciones a Brasil.

Elena tenía suficiente con volver a su tierra, a Málaga, una ciudad que no había amado tanto hasta que se encontró a cientos de kilómetros de ella. Lo que no acertaba a comprender era por qué estaba tan asustada ahora que tenía lo que tanto había deseado, ahora que había vuelto.

Cuando salió de la casa que había sido su hogar en el último año se sintió muy feliz porque nada de lo que le rodeaba lo había sentido como algo propio, pero ahora ¿Por qué demonios tenía tanto miedo?

Alfonso volvió a salir al exterior

– ¡Elena ven a verla! ¡Es preciosa!

Ella respondió a su llamada y bajó del coche deseando contagiarse de aquella euforia que sentía su marido. “Es normal que esté tan feliz”- pensó – “Es un hombre de éxito. Acaba de conseguir un ascenso. Prestigio, dinero, lo que define el éxito a fin de cuentas ¿No?” Durante el trayecto por carretera pensó en todo eso. Habían sido cinco o seis horas, no se detuvo a calcularlo, y durante ese tiempo tuvo ocasión de pensar muchas cosas, sobretodo si su acompañante se limitaba a emitir un monólogo sobre su trabajo, su éxito y lo maravillosa que era su vida ¿Su vida? ¿Eso no era una expresión en singular? No estaba segura, nunca había sido muy buena en lengua, pero si él hablaba únicamente de sí mismo ¿Qué había sido de su propia vida? Durante un largo rato se esforzó en encontrar en su memoria un recuerdo de su vida en singular y no lo encontró, tal vez por eso había permanecido en el coche hasta el último momento y quizá esa fuera la razón de su miedo.

Del libro El instinto de VÍCTOR FRÍAS

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