Por las aristas de la tarde
camina el hombre surcando soledades,
despelleja su grito y lo alza
hacia el poniente
para recogerlo como estandarte
señalando rumbos.
Sobre la laguna
los juncos le susurran el peligro
y afilan sus cuchillos
husmeando el aire viscoso de la noche.
El caminante
ve nacer las estrellas en el agua
y llenando sus bolsillos con silencio
arrebuja su corazón con el vaho de la tierra
y teje una canción
de ranas y de grillos.
Del libro Ocasos y de Grillos de
Rosa Arias Naranjo -Argentina-
Publicado en la revista Mapuche 70
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