martes, 20 de enero de 2015
ÁMAME SOLO A MÍ
A frío y sombra huele
la nada mía de ahora,
yo desdeño tu dulce renuncia.
Víciame,
como a una desalojada melodía
que se prorroga indeformable
en el contorno de un cántico,
cubre mi designio compositora,
tú necesitas que te ame,
aún caliente de madrugadas frías
durante el tiempo de los largos viajes,
víciame sumergida bajo mi cuerpo,
iremos a ladrar, aún yo palpito
con el fragor de una niña frágil.
Lentamente engalánate,
sin zapatos
sin filosofías,
mi vida desnuda y tu cuerpo cubierto,
cubierto y tendido arriba del viento.
¡No quites tu toalla! ¡Yo muero!
y como huérfana entre tanto estrépito,
desamparada,
en mi aniversario te enterrarás en tu gelatina
ya sin lágrimas en la espera,
de forma fortuita volarás sobre otro cuerpo.
No quites tu toalla, sino, yo muero,
y tú anclada junto a mis escritos
cruzarás el aire de otro invierno.
Que los náufragos no toquen tu organismo,
siembra en este páramo de nadie
(solo nocturno tuyo y mío)
tu insondable imagen,
inaccesible a la mecha de otro cuerpo.
En esta orilla,
los días, el fuego y los siglos,
justos ahora, y juntos
aprenden a amarte.
Envidio a esa mariposa
que ha salido del tiempo
para caer en mi viscosidad,
sé pertinaz con tu permanencia,
has nacido de la fragosidad de una oración
que uso hidalgo en mi nobleza,
no me encierres
pero asfíxiame en tu jaula,
me has bañado dos veces
con la niebla de tu iris,
ahora rendido en pergaminos
quiero labrar toscamente tus pechos,
los de mi ira, los que rozan
la roca de mi verbo.
En la espiral de nuestro viaje
cervicales asediadas laceran mi yo,
por favor endulza las auroras en la noche
y confúndeme entre tu pelo.
Manuel Vílchez García de Garss
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