Cada vez que te sueño,
floreces como las estrellas
iluminando las sombras,
detenidas en silencio
por el océano del tiempo.
Y mi corazón de esponja
de sensibles pensamientos,
intuye el amargo temblor
del desierto de tu amor,
perdido en un espejismo.
Cada vez que te recuerdo
fluye el olor de aquello,
que perdura en el tiempo
con el verso de tus labios,
atrapado en el corazón.
Y mi voz se eleva triste
entre retazos de olvidos,
y se derrama en bálsamo
a la intemperie del vacío,
que siento en mi alma.
Cada vez que te nombro,
asoman aquellos sueños
y regresan aquellos días,
que sostienen recuerdos
que nunca podré olvidar.
Ricardo Miñana
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