martes, 6 de mayo de 2014

SUBSAHARIANOS.


Con desmesurada miseria,
vencidos por miles de ultrajes,
sus ojos ven soles de hambrunas cenicientas.
Solo quedan, a su esperanza,
pellejos de miedos, cadáveres de indigencia,
grises desamores, silencios y desgracias.
Se ponen en camino con la muerte por estandarte.
Cruzan desiertos, sin aliento, sin nombre, con lenguajes diversos...
Se mueven con diligencia cuando una voz sigilosa
les habla, con sin par entusiasmo,
de una luz en su oscuro camino de misterios...
¡han llegado a las puertas de Europa!
Están cerradas y el fanatismo hace mella en su corazón
esperando el milagro que salve su espíritu agonizante.
Una patera o... ¡¡Hay que saltar la valla!!
Las mafias cobraron sus diezmos de las futuras ganancias.
Hombres jóvenes, mujeres con hijos,
cada persona una historia.
Malviven esperando el momento oportuno,
han llegado hasta aquí, su estancia es nueva penitencia.
Fatigados, heridos, enfrentados
a rotundas y oscuras deslealtades.
Ellos, en lo profundo del mundo, casi en tierras de cristianos,
ardiendo en llamas de desarraigo.
Se organizan, solo en grupo lo conseguirán,
aunque sean unos pocos.
Hay un tropel y tras el estallido de violencia,
algunos logran entrar. Hacen recuento:
veinte no están, Tal vez entraron. Cien heridos y cuatro muertos.
Junto a los yacientes, plegarias por sus espectros.
Rituales de muertos. Aflicción. Sumisión.
En las sombras un cáncer de olvido. Putrefacción de evangelios.
Occidente se pone por bandolera
la desmemoria de sus propias palabras.

PEDRO JESÚS CORTÉS ZAFRA -Málaga-

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