Esconderse,
buscar entre las horas líquidas de los días,
caminar erguido huyendo de las sombras
y de las miradas que contienen el sabor de la rutina.
Los escondrijos a plena luz saludan con cañonazos al corazón,
el viento huracanado desencadena una tos en cada esquina,
se despereza lo oculto.
El día a día es una llamarada de rincones de luz,
la intemperie acecha y mira a los ojos entre estupor y temblores.
GUILLERMO JIMÈNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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