La apetencia de ti, de que adolezco,
o el pinchazo de ausencia que me enfada:
cualquier endemia se convierte en nada
si en tu azul medicina permanezco.
En el rescoldo de tus besos crezco;
aumento en el joyel de tu mirada;
en las caricias de tu pelo alada
sube mi dicha donde no merezco.
Nuevos versos te portan, se confían
a tu abrazo fecundo, como hermanos
que en una misma voluntad porfían.
Tibios versos por ti lucen ufanos
y mi bermejo corazón te envían,
divinos casi de latir humanos.
RAFAEL SIMARRO -Ciudad Real-
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