Encendí la cerilla.
En el rincón vi una vela.
Al lado estabas tú
y detrás el retrato
de un payaso de pelo gris.
Al apagarse la cerilla
desapareciste tú y el retrato.
Encendí otra cerilla.
En el rincón no había nada:
ni vela, ni retrato
ni tampoco estabas tú.
Solo había una gran araña
que lentamente tejía su tela.
JOSÉ LUIS RUBIO
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