de cuando en cuando tengo que arrodillarme ante su presencia,
tengo que maldecirme y arrepentirme entre los recuerdos del exceso,
entre el dolor de cabeza, de barriga y la náusea,
tengo que quitarme importancia y al oído preguntarle si él prefiere
los desechos del trasero o los de la boca, la orina femenina o la masculina,
debo equiparar su palangana, su cabeza de porcelana con la mía
y exhalar, meterme el índice o el mayor y jalar mi palanca y la suya,
tengo que rogarle a la virgencita que no estemos fuera de servicio
C.A.CAMPOS
Publicado en la revista Ágora 2
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Hace 1 día
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