miércoles, 18 de septiembre de 2013

CRISTO ECONOMISTA

(Artículo de 1919)

     La máxima cristiana de “amaos los unos a los otros” de que nadie ha hecho caso durante veinte siglos, se nos va convirtiendo en los días que corren en la única escapatoria posible que nos ofrece a los hombres para salir de los terribles atolladeros económicos en que estamos hundiéndonos más y más.
   
     Creímos que con haber metido a Cristo en un altar y rezádole allí diariamente  cuatro compungidos padrenuestros y seis avemarías, habíamos cumplido, y  quedábamos en perfecta libertad de ser en nuestros tratos privados y públicos todo lo anticristianos y satánicos que nos diera la gana... y ya estamos viendo  cómo en eso -al igual que en otro millón de cosas --nos equivocábamos. Lo que no quisimos hacer de buen grado lo estamos teniendo que hacer ahora por fuerza. Ya no son los profetas y renovadores, más o menos chiflados, los que aconsejan unión, cooperación y humanitarismo, sino los más inteligentes economistas y hombres de negocio, los mismos que hace una docena de años sólo creían en la religión del proteccionismo, del militarismo y de la competencia. "¡Con la competencia nos vamos a pique! --están gritando ya, con las manos en la cabeza, los más expertos.
   
     Cristo, pues -a quien tratamos de sobornar con rezos y retóricas para que se callara la boca y nos dejara hacer- se ha desquitado. Su máxima dulzona de profeta chiflado de que no hicimos caso, va adquiriendo para nosotros la dureza imponente de un garrote y la inexorabilidad de una ley. Si el mundo no estuviera tan inundado de lágrimas y de angustias, sería esta situación cosa tan cómica que habría para reír sin parar dos años seguidos.

Publicado en el blog nemesiorcanales

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