Si dejara mis lares, derruidos
tras la etapa inclemente
de la escarcha, el vacío, y la fatiga;
si al ver la luz alegre
de la estrella lejana,
y el despertar de los amaneceres
concluyera que hay vida en el espacio
allende mis opacos intereses;
y si la puerta que me abriste un día
como amiga, o amante, o confidente,
permanece aún abierta,
alcoba a media luz, lecho sin huésped,
me pondría en camino hacia ese abrazo
que me propone albergue.
La renuncia a una parte de la vida
que ya no nos enciende,
que si fue travesía, es hoy naufragio,
con presagios de muerte,
es enfrentarse a un muro
que nos inmoviliza; mas si duerme
cierto enternecimiento en la distancia
con nuestro propio nombre subyacente,
tal vez lo que era muro es horizonte,
y en él despunte el germen
de un purificador renacimiento.
¿No es hora ya, mujer, de que despiertes?
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-
DE FACEBOOK - 6873 - A LOS CUARENTA
Hace 21 horas
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