Me ha dado por reírme como si tuviera motivo, cuando lo que tengo es esta sensación de arena en la boca. Quizá sea la cara que puso Gómez el motivo de mi risa.
Como último gesto estreché una por una la mano de mis colaboradores, era lo que correspondía pero también lo que deseaba hacer, cuando le tocó el turno a Gómez el gordo se emocionó y puso esa cara tan cómica que todavía me tienta. El bueno de Gómez, mi mano derecha —pensar que empezó a mi lado, un pibe flaco como un tallarín que apenas sabía atender el teléfono—.
Después me fui de la fábrica con el mismo andar que mantuve durante treinta años, expresión de aquí no pasa nada, me jubilo, me jubilan, y qué.
Un azote de viento y arena golpea la silla donde estoy sentado, me golpea. Sin embargo, mi mujer no sabe que aguanto un temporal así que debe ser por la risa que está llamando a emergencias.
PATRICIA NASELLO
Publicado en el blog patricianasello
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Hace 1 hora
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