No tengo las manos manchadas
pero están muy sucias.
No permanecí callado junto al muro
pero mis palabras justo allí se quedaron.
No cerré los ojos y vi completas las imágenes
pero me quedé en el sofá sentado.
Ahora escribo porque no me siento a gusto,
porque me duele mi pasividad
y mi oscura cobardía que me esconde
entre estas palabras insuficientes.
Se ha nublado mi cielo de nubes grises
y una fina lluvia me ha mojado por dentro.
Llora mi corazón de niño pero llora también
mi pensamiento adulto culto y progresista.
Empapado de llanto desde los nervios a las venas,
desde el cerebro al estómago, a punto estoy
de desaguarme sobre el frío suelo
de mi soleada habitación.
Del libro inédito Confusión de
JOSÉ LUIS RUBIO
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