Hombre condenado a dos escenas atroces: la primera
y la última.
Espiar por el ojo de la cerradura, que es el ojo de
Dios (que nos está esperando), y descubrir al
Otro, que también espía, hacia atrás, hasta el fin de
los tiempos.
Y todavía sufrimos por la puerta que no nos atrevimos
a abrir, y por aquella que no debimos haber
abierto nunca.
Mario Trejo (1926-2012) De "Antología poética"
Publicado en la revista Poesía del mondongo
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