viernes, 20 de julio de 2012

SIN ESPARO


Lo bato sin esparo, claramente,
con el chamuyo que me dió la yeca;
yo soy un cusifai que francamente,
como Discepolín, se hizo en un feca.
De contrapinta se me dió la peca
con una mina que me puso chanta,
me la llevó un balurdo; era una seca,
deliró por el centro y fué yiranta.
Que querés Benarós que yo te diga,
no me queda del pan más que una miga,
y a contramano un pensamiento fijo:
En la última tela rejugado,
pero voy a salvar el cuore ya cansado
y una cheno cualquiera me amasijo.

De “La Musa Mistonga” de Julián Centeya (Editorial Freeland, Buenos Aires, 1964)

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