viernes, 8 de septiembre de 2017
TRANSICIONES
I
Nacido fuera de este mundo
parido para no ser de nadie
ni mío.
Nativo de la insignificancia mayúscula
insomne esclavo del desatino.
Espirales traza mi vida
con destino a ningún sitio.
Vuelvo al centro de mi adentro
vuelvo al lugar del que nunca me he ido.
II
Me ahogo.
Entre dos mundos me debato.
La profundidad insondable,
pretérito acechante que reclama
las deudas en salitre.
El cielo promete un futuro
que yo no aprehendo;
el Sol, anhelo que destella
para juzgarme insolvente.
Me ahogo.
III
Golpes.
Tambores.
Latidos monocordes.
Golpes.
Tambores.
Profetas inmisericordes.
Golpes.
Tambores.
Mi conciencia se desgrana.
Los días de mi vida,
el pulso de mi alma.
Golpes.
Tambores.
La nada se amalgama.
La soledad, mártir de mí mismo,
resonando me agasaja.
Golpes.
Tambores.
IV
HOMBRE DE ARENA
Yermo. Desierto. Desolado.
Arena hasta donde alcanza la vista.
Clepsidra que bombea arena por mis venas,
que agosta mis campos, seca mis pulmones,
que no entiende de sentimientos pero sí de omisiones.
Mi horizonte es arena,
un final donde tú empiezas,
un camino de huellas borradas que se alejan.
Desierto. Yermo. Desolado.
Arena que satura el aire.
El Sol exhala en mi adentro,
golem con tendones de piedra,
mejillas surcadas de plata,
simún en el alma y en el aliento.
Mi noche es la llamarada oscura de tu pelo,
una cuchillada de refulgente obsidiana,
el rostro pálido y enjuto del miedo.
Desolado. Desierto. Yermo.
Mario Peloche Hernández -Fuente de Cantos-
Publicado en Suplemento de Realidades y ficciones 73
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