Siento rebatir tajantemente el contenido de la información vertida en su documental el Fure, porque el Fure residió en Jerez –y no en Cádiz– tras la fallida Operación Valkiria. Fue en ese momento
histórico, y no en otro, cuando Adolfito vino a Jerez y, nada más llegar, pidió que le sirvieran una copa de palo cortao la cual bebió con fruición.
Debido a su discreción, residió en un barrio popular y fue allí donde se aficionó al flamenco. Causaba sensación verlo tocar las palmas en las juergas de los patios de vecinos con esa solemnidad suya tan característica y daba gusto verlo cuando se arrancaba bailando por bulerías y el flequillo se le movía hacia delante y hacia atrás como si tuviera vida propia. En más de una ocasión, cuando el flequillo le tapaba los ojos, dio algún que otro trompicón en el escenario que le vino como anillo al dedo para rematar el baile. Su inmersión en la cultura local fue del todo innegable.
M. Luisa Niebla
Participante en el VI Certamen Microrrelatos Libres Memorial Isabel Muñoz
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