lunes, 26 de enero de 2015

MARIPOSAS


Si fortuita la voz
encuentra su sendero,
¿Por qué cuando se desata
el flujo de un diluvio
la erosión no me borra del tiempo?

¿Por qué junto a deshojadas
y furtivas hojas visibles,
el silencio de la luz,
augurio de presagios,
es un sigilo del devenir?

¿Por qué hay mariposas
anidando en el periplo del día,
al deslumbrar tu sonrisa
sin mí?

Sin que me abrumen las cadenas,
simplemente
me duele tu ignorancia,
tus caprichos no me exaltan,
mi cortejo despierta de un sueño
que besa un vendaval de luceros,
cascadas ocultas
donde estallan vientos rizando tu piel.

¿Por qué siempre hay un remolino,
que me recuerda la verbosidad
de tus paredes de piel desnuda?
¿Por qué los capullos
de una mariposa que te anida,
no dejan penetrar mi fisonomía?

Son remos que en la ribera ocultos
gimen entre las alas del rocío,
están rodando al ritmo,
sin goce, sin placer.

¿Por qué nacida de la muerte
hasta cerrar mi mente,
la mariposa,
pudre mi pensamiento lentamente?
¿Por qué?

¿Por qué ellas, en su campo de batalla
encuentran una noble pasión,
y sin embargo ignoran mi vida?
Hay un fondo imperceptible,
en el lugar donde el frío de un Jacinto
palpita arrodillado,
es un arcángel incipiente que se endurece,
le duele romper mis vasos sanguíneos.

Manuel Vílchez y García de Garss

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