Hace siglos
me convertí
en el poso
de la botella.
Estaba vacío
como un fuelle.
Comprendí
los piélagos
de la desazón.
Decidí no ser
un grano
en el dorso de
mi biografía.
Una botella
de ojos ciegos
como el beso
de la araña.
Dejé de soñar,
ya no fui
la risa ebria
de Guy Debors.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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