Iba tranquila siempre,
sedosa y suave su energía,
a un metro del suelo
su cuerpo llevaba,
era la hechicera,
¡poca cosa decía ella!
más ni el agua quería tocarla,
pues en hielo la convertía.
Vagaba por las sombras,
sus ojos no se veían,
pues si mirabas en ellos,
solo con verlos , te herían,
era la misma hechicería
hecha persona,
los magos negros,
la temían.
Mas era curioso,
los pajarillos del bosque
se le acercaban,
las fieras se amansaban
sólo al verla,
y todos los árboles
al pasar ella, la saludaban,
pues toda la naturaleza era suya,
era la sabiduría engendrada
en la oscuridad total,
donde un rayo de sol que le diera,
era tapado por una mano muy negra.
y solo se alimentó,
del veneno que todos
echaban en la tierra..
Un día un ser se le acercó
y se burló de ella,
al momento se calló
no dijo nada,
su cara bajo con humildad,
más cuando se dio la vuelta,
lo jaló como se coge
un papel en el suelo,
se lo llevó a lejanas tierras.
Al cabo de muchos inviernos
lo trajo otra vez a que la viera,
y le dijo, vuelve a burlarte de mí,
él le dijo, no mi reina,
mi adorada ninfa,
mi hada madrina,
dijo con un voz de niño,
dulce como la hiedra,
y le dijo ella,
así me gusta mi hijito,
así eterno serás,
todo el tiempo
que yo quiera.
Y una voz se oyó
en los valles, en los bosques,
en las piedras,
gritando, esta es mi hija,
es mi fiera,
era su padre divino,
el solsticio de invierno,
en la tierra.
FRAN TRO
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