La virtud de la distinguida doncella
juega en la hoguera de la tentación
sabedora del galanteo que la boca
describe con sus labios ardientes.
El arrojo de sus sensuales guiños
cautivan la mirada del muchacho
que cae extasiado por su encanto
envolviéndolo en un mar de pasión.
Se embebe el corazón con el deseo
que sugiere el placer en cada beso,
se desnuda la excitación en el cutis
a través de la impetuosa fragancia.
En el elixir que fluye del manantial
secreto de la satisfacción femenina,
se hizo visible el candor reservado
que presentaba la musa a su poeta.
Freddy Juan Arce Acevedo (Chile)
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