Existe en tus alas, esa savia fértil
de la muerte. ! Poeta!
Y un afuera dúctil de los ecos,
cuerdas y cuervos, guitarras esmeriladas de marfiles paquidermos,
anhelos vicios del rock naciente.
Monstruos de mente alucinante,
perros a baba de premonición,
lagartos moviéndose, sin camisa
y con chaleco, ateridos
por humo y polvo frenético
de la bocina, esto
a vista de fantasía del garbo drogado
del pétrel augusto del cuerpo
en movimiento.
Donde vuelven oxidados yelmos de pronósticos ególatras.
Son samuros de fecunda acción
los versos saciados que describes. Rolo.
Y un cielo de bombillos yedra a neón,
donde el huracán de las masas clama.
Veranos soleados del pensamiento.
Tu estilo efervescente,
y agua lírica albiceste.
Un aedo cristal rectilíneo hace muro
y metal a prosa, un quedo clandestino toca aversión, cielo y cuidad,
otoños en silla y hojas, arboles planchados de hermética perspicacia.
Humos petrificados de hilo hermético.
Meses de esperanza descafeinada.
Bares y versos anestesiados con licor suntuoso, desechables senderos, donde tus pájaros sedientos picotean
el hielo
resfriados de tus días en el vaso.
Poeta trotamundos, fan etéreo y escueto de los dioses mojados por el cilindro rock de antaño.
En ti yace esa cuchara hambrienta
sobre el plato, un numen saciado
de vaivenes, recodos y viceversa,
como un pavimento contemporáneo.
Donde el afán ruge en tu gran motor de poesía, pronto a ser llanura y ocaso.
Belén Aguilar Salas -Costa Rica-
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