En el fulgor de tus ojos
se eclipsaron las miradas,
y brotó la flor del amor.
Y como un sueño dorado,
se llenó mi alma de paz
con la magia del romance
su fragancia y el candor,
y en tu cuerpo de azalea
saturados de sensaciones,
sedabas mis anhelos
con el bálsamo de tu amor.
¡Un día amaneció gris!,
todo parecía imaginario,
y pasamos del ensueño
a ser sollozo y amargura,
todo eran miradas vacías,
palabras rotas de dolor,
y se hundió mi corazón
en un largo final infeliz.
Hoy somos dos sombras
errantes del pasado,
que cruzan el desencanto
rumbo hacia el olvido,
y envueltas de recuerdos
se abren paso en el tiempo.
Desde aquellos tiempos
ya nada es igual,
tu amor es delirio y dolor,
todo parece un vuelo fugaz,
perturba mis pensamientos,
y enmudece mi corazón.
Ansiedad me causa
¡saber que te amaba tanto!,
y resuena en mis sentidos,
este incógnito espejismo
de profundos silencios,
y amargas soledades,
aunque en mi tormento
me pierdo en tu recuerdo.
¡Resurges de las cenizas!,
y de repente sueño tu voz,
susurrar mis oídos
al vaivén de tus besos,
es lo único que me calma.
¡Resurges en mi alma!
¡en mi corazón!
¡en mis pensamientos!,
y en tan dulce insolencia
te sigo extrañando.
¡Resurges del pasado!
de mis sueños dorados,
desde sus entrañas,
del abismo de mi universo,
y todo se vuelve eterno.
Ricardo Miñana
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