Te digo de verdad que hay muertes silenciosas
donde nadie se da cuenta ni sabe
que está muriendo un alma
sin más alivio que su luto.
Son muertes destinadas a crecernos
con un puñal atravesando el cauce
del río descolgado en la memoria.
Y nadie puede levantar un velo
del agua degollada en la penumbra,
en medio de un brocal en plena guerra.
Pero si alguna vez sientes la muerte
secándote la vida a borbotones,
no olvides que te digo
que la primera suele ser muy grave
y las siguientes son mucho más leves.
Del libro SAHRAZAD de
Soledad Cavero Rivas -Madrid-
Publicado en la revista Oriflama 23
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