No tengo llagas en mis manos,
ni en el costado una herida,
pero me duele el corazón
de ver la sangre en la camisa
de un niño de ocho años.
No llevo corona de espinas
en mi cabeza, ni heridas en mis pies
pero mi pensamiento gime
al ver ensangrentada la cara
de una mujer embarazada.
No me están matando mis heridas
pero sufro tanto, tanto dolor,
que sangro por dentro
cuando veo que una bomba
ha dejado manco a un anciano.
Mi espalda no ha sido azotada
por ningún látigo de cuero
pero está sangrando a borbotones
al ver la pesada carga que soportan
muchos niños que se quedaron sin infancia.
JOSÉ LUIS RUBIO
No hay comentarios:
Publicar un comentario