Que levante la mano
quien no desee encerrarse mil años
en una cama
con la persona amada,
y tirar la llave que encierra
las sábanas
los sueños
y las deudas con el placer.
Solo pasar mil años,
solo mil,
y conjugar el verbo amar
hasta descubrir,
desnudos,
el sentido de la vida
y del amor también.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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