miércoles, 10 de septiembre de 2014

POR SI ACASO


Es un día claro en una estación de tren. Una anciana aguarda con una carpeta apretada contra el pecho.

ANCIANA:

(Mirando al horizonte. Es un día claro.) Ya parece que viene el tren… Sí, ya viene, menos mal, porque hasta que no arregle esto no me quedaré en paz. (Para sí.) El médico dice que son imaginaciones, que Laura es un ángel que se desvela por mí. Y yo también lo creía. Pero fue contarle que la había nombrado mi heredera, y el café empezó a tomar un gusto amargo, y yo empecé con la colitis. Eso no hay quien me lo quite de la cabeza. Vamos, que tengo que cambiar el testamento para cubrirme las espaldas. Al fin y al cabo, aunque mis sobrinos nunca se han ocupado de mí, tampoco han intentado envenenarme. ¡Y menuda cara se le ha puesto a Laura al enterarse de que, en vez de quedarse con el piso y el dinero, sólo va a recibir una manda...! Espero que se haya convencido, porque por una manda no se va a tomar la molestia de asesinarme. Si es que quería asesinarme realmente… (De repente se echa hacia adelante como si la hubieran empujado. Se apaga la luz.) ¡Ay, qué empujón! (Una claridad tétrica, espectral la ilumina. La carpeta ha caído al suelo, a un metro de ella. Se lleva las manos al pecho, alarmada.) ¡Por un momento me he visto en las vías con las ruedas pasándome por encima! Literalmente hecha añicos, ¡qué susto! (Enfadada.) No sé quién habrá sido el bestia, que ni se ha disculpado siquiera, y eso que el golpe me ha dejado fuera de comba-te. Pero al notario tengo que ir hoy sin falta, por si acaso, no sea que el café se vuelva tan amargo que acabe con-migo… (Asombrada.) ¿Por qué se junta tanta gente? ¡Qué horror! Dicen que se ha caído una vieja a la vía, que el tren la ha destrozado… Yo no me atrevo a mirar más que de refilón… (Mira hacia abajo con prevención.) ¡Huy! Ahí en el suelo, al borde del andén, está mi carpeta con el testamento… (Alarmada.) Pero ¿entonces…? No puedo ser yo la que se ha caído porque yo no soy vieja, y además ya no me duele nada. Al contrario: me siento tan ligera como si flotara entre el grupito de curiosos… (Sorprendida.) ¡Anda! ¿Y ésa que se asoma? ¡Es Laura! ¿Qué pinta aquí, si se había quedado planchando? Pues es ella sin ninguna duda. Y sonríe, como si estuviera muy contenta… Sonríe…

Pilar Zapata Bosch (España, Madrid)
Publicado en Los Cuadernos de las Gaviotas

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