martes, 9 de septiembre de 2014

INTIMIDAD


 Morder la rosa que tu labio ofrece
entreabierta, sensual... Ser el bajío
de tu boca velera, el lento estío
del beso que la entibia y humedece.

Sobre tu piel, que al tacto se estremece,
deslizarme con dedos de rocío...
Pulsar un clavicordio. Ver el río
que en tu desnudo cuerpo resplandece.

En un turgente frenesí de dunas
mis brazos anudar... Sentir que, añejo,
este fuego despierta si lo acunas.

Para después temblar, acto reflejo,
las cadenas soltando de dos lunas,
y hacer mi carne de tu carne espejo.

RAFAEL SIMARRO SÁNCHEZ -Ciudad Real-
                                                           

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