Vendrán otra vez a golpear mi celda
exigiendo de mí su sustento,
amparados en las acumulaciones
de ardiente tráfago irredento
harán suyo el clamor sin destino.
Lo que quiere la noche
que cava y penetra en las cosas,
lo que quiere su ser, su silencio,
su delgado pisar subrepticio…
Sin embargo ha llegado la hora,
y no tiembla el temor del asedio
cansado ya el día, sus horas vencidas.
Nada tiembla de miedo espantoso
en el ámbito ya abandonado
donde se está sin estar, con ausencia,
nada tiene temor infecundo.
Así lo que adviene lento,
(¡y no es la noche, no es la noche!),
lo que desliza sus pasos adentro
y toma los hábitos sacerdotales,
oficiará sin compasión ritos terrestres,
naturaleza abrupta y cataclismo,
el trigo en su esplendor incontenible.
Ulises Varsovia
Publicado en la revista Fuegos del Sur
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