endulza mis noches.
Mi voz, como pulpo arrodillado
sigue presa en el futuro.
Mi sangre ausente
vive el sueño,
y sigue siendo galerna
en búsqueda
de un eterno nacimiento.
Mis huesos, pensantes,
se rebelan contra mí.
Mi cuerpo, en su angustia vicaria,
sólo puede fantasear.
La realidad, harta de no ser ella,
ha muerto dentro de mí.
VÍCTOR DÍAZ GORIS -República Dominicana-
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