Un ojo despierta
y el otro quiere dormir,
magnetizados
por las mortales peripecias
que tan pronto pudren
la vida.
Anclada en su necesidad,
tal mirada ruega
sobre el polvo del
camino.
Y pone a prueba tu fe,
invitándote
a pasar hasta el fondo
de su pena.
Unos ojos de niña
saben que no es
casualidad
tanta pobreza.
Alfredo Pérez Alencart -Perú-
Publicado en el blog revistaislanegra.fullblog
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Hace 8 horas
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