Tengo miedo de minerales
constantemente asumidos,
de silenciosas substancias
que vienen en mí a caer, y amo,
de rápidos movimientos
en la tierra clandestinos,
creciendo en el fervor de los labriegos.
Son una acción descontrolada,
un giro sin orden ni destino,
un ademán hacia la muerte.
Su penetración es absoluta:
calladas y dulces, humildes,
como si fueran a morir, llegan
al centro rector, y gestionan.
Toman el control los extranjeros.
Ellos fueron seres extraños,
entidades de ajeno carácter
viviendo su propio destino unitario,
su ciclo limitado por la muerte.
Y de pronto han caído en mi ser
desarrollando allí su propia conducta,
torciendo mi voluntad primaria,
desvirtuando el sentido de mis decisiones.
Tengo miedo de amarlos tanto,
de esperar cada día su lenta amenaza
con tanto fervor que aparezca.
Pero temo también la otra muerte,
el ser sólo yo férreamente,
puro entre los impuros desvirtuados,
y quedarme solo en el mundo extranjero.
ULISES VARSOVIA
Publicado en la revista Fuegos del Sur
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Hace 11 horas
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