Aquietado en el tiempo, en la alcayata se ahorca el calendario.
Tiritando la escarcha del desaliento, el horno clama calor.
Purgan los cuencos de la sopa su orfandad,
mientras perecen de hambre.
Espejos que reflejan tristeza, no tienen a quien imitar.
Silenciados, los grifos escupen óxido.
No hay diálogo, las habitaciones pleitean con la luz.
Ventanas cerradas a cal y canto, ignoran los maullidos del gato.
Silencio: armarios acallados por el abandono de las vestimentas.
Sin la intimidad de los cuerpos, el lecho padece de insomnio.
Huecos llenos de dolor, vagan de un lado para otro.
Habitada por fantasmas, la soledad masculla su infortunio.
Latidos desalojados sin contemplaciones,
deambulan a saber por dónde.
De los aleros del amor, cuelgan las decepciones.
Buitres atiborrados, sobrevuelan desgracias.
Tras la puerta.
Nadie contesta.
Nadie respira.
Ausencia.
Emilio Polo Vilches
Publicado en la revista Dos poemas y un café-
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Hace 8 horas
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