viernes, 20 de septiembre de 2013

LA EQUILIBRISTA DE LA LÍNEA DISCONTINUA

Sale. Temprano. Fría pero con fuerza. No tiembla, aunque le cueste arrancar.
Sueña en la salida, se concentra.
Comienza el recorrido. Sobre fondo oscuro se vislumbran apenas algunas líneas. Lejanas líneas continuas y el reto de las discontinuas acosadas por sendos flancos.
Metales ruidosos e imprevisibles, ciegos y apresurados que ruedan sin cesar.
Agilidad y rapidez de movimiento son sus ventajas frente a los huraños acompañantes.
Responde firme cuando se le pide velocidad, porque no teme a la caricia del metal.
Serpentea entre ellos sobre una línea discontinua cada vez más amiga.
Sólo el frío la ralentiza y las lágrimas la hacen tiritar.
Recupera la verticalidad en cada quiebro, y sale directa hasta el final.
Reposa allí donde se hace necesario, pero siempre en primera línea.
Aprovecha los silencios para avanzar por los tramos más estrechos.
Toma velocidad, saluda a la “afición” y se despide.
Reposa con postura elegante y estrada, ladeando ligeramente la cabeza.
Sin dejar de sonreír.

Anaïs García Pérez -Madrid-
Publicado en la revista Aldaba 15

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