sábado, 6 de julio de 2013

TALLER LITERARIO (14)

INCENDIO

Un país en guerra,
la guerra más cruel del mundo,
hermanos contra hermanos,
una guerra civil.
Las armas del gobierno
matan indiscriminadamente,
destrozando calles, casas, cuerpos
ciudades en llamas.
Armas de los rebeldes
combatiendo contra la represión
luchan por la libertad
en mantos de humo.
Edificios desdentados, sin ojos,
boquiabiertos al cielo
de donde llueven
bombas, incendios y proyectiles.
¿Dónde hay esperanza,
dónde hay paz,
quién va a ayudar
a la gente de Siria?

ANNE SAMPSON

INCENDIO

Escucho, ¡incendio!...
Se me oprime el corazón.
Pienso en el “eco sistema”
que el fuego sorprendió.
Me asomo a la ventana,
una tarde de verano,
veo a lo lejos
una columna de humo
en el monte junto al faro.
Imagino a los animales,
aves y personas que viven
en ese entorno,
cerca de las llamas,
es como un maldito sueño.
Si ha sido la mano del hombre,
es un cerebro enfermo,
no se ha detenido a pensar,
las vidas que en un momento,
han muerto por su maldad.
El sol calienta,
el viento sopla con fuerza,
las llamas anaranjadas,
son como grandes lenguas.
Veo las aves volando
sin rumbo, como a ciegas,
en busca de otro lugar
donde los árboles las protejan.
Cierro la ventana, con nostalgia
y sintiéndome impotente,
¡cómo pueden hacer daños a seres
tan inocentes!... nunca podré comprender
la malicia de las gentes.

LOLI BRENES RODRÍGUEZ

INCENDIO/FUEGO

¡Tengo que correr!, ¡tengo que correr! Aún quedan algunos árboles que el fuego no ha alcanzado, no deben ser muchos pero sí los suficientes para permitirme llegar sin tropiezos al maravilloso y frondoso rincón del bosque donde se ubica mi árbol y en él mi hogar. Sí mi hogar porque yo vivo en un árbol alto y fuerte y cuajado de robustas ramas en las que puedo guarecerme de la lluvia, el viento y demás inclemencias climatológicas, que se suceden en el transcurso de esos períodos en los cuales unas veces hace mucho frío y otros, nos achicharramos de calor. Ahora hace un calor horroroso, un calor que ha llegado de pronto, acompañado de esas llamas altas, rojas y amarillas, rugiendo pavorosamente y que me obligan a correr y saltar como una loca para poder avisar a mis hermanas, las otras ardillas, (porque yo pertenezco a esa especie roedora, rápida y diminuta, moradora del bosque) y tengo que avisarlas de que se nos acerca vorazmente dejando a su paso solo destrucción, cenizas y muerte y ese calor, ese calor que me ciega y deshidrata.
He oído decir a esos animales altos que se desplazan torpemente a dos patas, que es un fuego inmenso, un incendio probablemente provocado por algún loco de su misma especie.
¡Qué locura!, ¿cómo nadie en su sano juicio, puede provocar tamaño desastre, destruir nuestros hogares y asesinar a tantos seres diferentes como pueblan y viven felices en nuestro bosque? No entiendo y nunca entenderé a esos estrafalarios, feos y torpes seres (ellos se dicen hombres), que tienen que encender hogueras para calentarse y asar su comida. ¡Con lo buenas y saludables que son las nueces y otros jugosos frutos que en el bosque pródigamente crecen por doquier, nuestro bosque, padre y madre a la vez!
Pero ahora después de la catástrofe no sé si va a quedar alguna y tampoco ningún bicho viviente, todos ellos mis amigos. ¡Ojalá caiga esa agua que nos quita la sed, nos moja y refresca! ¡Ojalá esa agua moje y refresque también al fuego y el incendio muera prontamente y algunos podamos sobrevivir!

CONCHA GOROSTIZA DAPENA

INCENDIO/FUEGO

Hay un fuego que me abrasa,
un incendio arrollador,
no sé cuando ha comenzado
pero con fuerza ha llegado.
Una fuerza que me envuelve,
se ha extendido
con la rapidez del rayo,
y no sé como ha sido
que las llamas rápidamente
estén quemando mi ser.
no ha sido San Valentín
invento del Corte Inglés,
prefiero que sea Cupido
que con dardo tan certero
mi corazón atraviesa.
Tengo frente a mí a mi amada,
en mis brazos la cobijo
la estrecho contra mi pecho
con este amor ardiente
que me alienta y me alimenta,
vuelvo a mirarla,
¡que gozo tan doloroso!
Este amor tan grande y bello
tan sentido, de mí ha salido,
¡ella mi hija es!

CONCHA GOROSTIZA DAPENA

INCENDIO

En la montaña de Tánger
hubo un incendio.
El cielo estaba lleno de humo
y los árboles se estaban quemando.
Todos los animales huían.
¡Qué pena tan grande!
La naturaleza se estaba quemando
y los pájaros llorando,
en el cielo oscuro volando.

MALIKA EL BOUZIDI

INCENDIO

En mi vida laboral dos incendios he vivido en el mar. Tuvimos suerte. Se pudieron apagar. ¡Qué chico se queda un barco!
La cocina y la máquina son las que más problemas dan. No olvides los camarotes. Un extintor a mano te puede salvar, consejo de un viejo marinero.
Nada más mencionar los incendios se me ponen los pelos de punta.
Los bosques arden, un porcentaje elevado son intencionados, intereses creados. ¡Qué de animales mueren! Si los viéramos nos pondríamos las manos en la cabeza y los ojos se nos humedecerían.
Un desastre ecológico. Me da pena y rabia. El que prende fuego a un bosque no tiene perdón de Dios. No debía de pagar solamente por los árboles, arbustos y miles de plantas. Debía de pagar también por los animales que mueren quemados.
Los nidos de los pajarillos en la primavera y otros animales que no saben, que no pueden, no tienen tiempo para huir del fuego.
En los años cincuenta del siglo pasado había miles de carboneros, piñoneros y piconeros en los bosques españoles. Hacían fuego todos los días, los controlaban. Hoy no hay carboneros ni piconeros como antes, pero hay decenas de incendios todos los años.
Me da que pensar. No amamos a la naturaleza. Vamos al día. No miramos al mañana.
Aún este barco no se ha perdido. Sigue dando vueltas en el ancho mar. Espero que demos con un buen puerto un día de estos.

ANTONIO BASALLOTE LOBÓN

INCENDIO

Arde todo el monte
el fuego lo arrasa todo
dejando mucho humo,
muchas cenizas
y mucho miedo
en las gentes que allí
junto al boque
tienen sus casas,
su huerto, sus animales.

Entre las llamas que destruyen
se oyen voces preocupadas
que intentan sofocar el incendio
aunque el fuego es más poderoso
y no se deja vencer por el agua
que lo envuelve, que lo cerca,
hasta conseguir tragárselo
pero el fuego ha dejado una huella,
en el bosque, que tardará en borrarse.

¿Quién prendió la llama?
La ignorancia. Porque quemar un bosque
es quemar un poco de vida.
Es privar al aire de oxígeno
convirtiéndolo en un foco
de polución y enfermedad.

El bosque se ha quemado
pero también han quemado
un poco de nuestra vida.

JOSÉ LUIS RUBIO

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