sábado, 26 de enero de 2013

A UN HIJO QUE CUMPLE DIECIOCHO AÑOS


Antonio,
los dioses pintan mariposas
mas nosotros sabemos como
en los hombres sueñan
y sangran.

Existe el río.
Existe el campo. Existen
amapolas y un cielo temprano.
Existen el no y la páscua y la noche obesa
y  el ocio furioso. El iluminado
gusto de la fiebre y la herida existen.
Existen lo eterno y la sombra
de un cielo fosco y desierto
sobre cuando lo olvidamos.

Existen
veleros y sonámbulos, el día,
las escamas del pez, la alegría.
Existen la soledad – zambullimiento, asombro –
y el soñares contigo.
El dolor existe.

**

Antonio,
enséñame a no tener miedo
de caminar despierto
y a recibir el azote del éxtasis.

Devuélvame el espanto
frente a la iniquidad
y al rugir de la fiera.

Repón en mi la fuerza
de resistir a la fatiga
de tanto cielo y abismo.
Perdóname la tristeza,
como si fueras mi padre
y no mi hijo.
                     Usciamo
a riveder le stelle.

***            

Aparceros, Antonio, en secreto,
así de amor se viste el cuerpo.
Así se acuesta el cuerpo en la tristeza.
Así recoge el tiempo flores, en brazadas.

Todo es silencio, al reverso. La vida
es una vieja cansada. La vida encobre
el sol.
           Siempre ha sido pobre
la mano que traza este surco en el día,
este surco en lo oscuro,
incomprensible e inútil
como llevar un buey a pastar en la playa.

(Mas los dedos de la vieja  mueven los bolillos,
                                           y la luz vuela.)

ALBERTO DA COSTA E SILVA -Brasil-
Publicado en la revista Arquitrave


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