PRIMERA PARTE
Las bombas caían sobre mi ciudad. La gente corría a los refugios pero yo bajo la marquesina de una parada de autobús las veía chocar contra el asfalto, contra las casas. No quería moverme. Deseaba sentir las bombas, oírlas explotar, ver el humo brotar tras el impacto. Sentía placer contemplando la destrucción. Tenía unas ganas enormes de reír, de bailar. Había perdido el miedo de otras noches. No me importaba ser destrozado por alguna bomba. Ahora todo me daba igual. La vida ya no tenía sentido para mí. Las duras palabras de mis hijos rompieron mis esquemas. Me odiaban. Debí hacerlo todo mal. Por eso hoy me refugio bajo una marquesina viendo explotar las bombas.
Las sirenas cesan y la calle vuelve a llenarse de gente que regresa a sus casas. Algunos contemplan los impactos en las casas y moviendo la cabeza marchan a sus domicilios. Yo, que he visto en directo todo el bombardeo, buscaré un bar y me tomaré un par de copas para olvidar aunque no creo que lo consiga. Hay cosas que nunca se olvidan.
JOSÉ LUIS RUBIO
DE FACEBOOK - 6844 - EL CONCEJAL
Hace 6 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario