Salir en forma de grito del fondo del corazón, así él notó que estaba vivo, que había sido feliz y ahora se le escapaba. No era la primera vez y recordó que peleó por ello, golpeó, casi mató, casi murió por un tiempo. Gritar ya no era suficiente y aprendió a llorar, se desahogó. No era cierto, llorar también ayudaba a los hombres.
Publicado en el blog de
MARÍA JOSÉ BERBEIRA RUBIO -Casteldefell-
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