HOMBRE que ensayó pasos doloridos
por sobre cuerdas flojas y navajas.
Hombre que conoció tantas mortajas
como muertos y árboles caídos.
Hombre que fue creciendo entre vencidos
y supo de incontables desventajas.
Hombre que fue viviendo de migajas
y a la veza de renuncias y de olvidos.
Hombre que supo tanto de orfandades,
que sufrió con los huérfanos de amores
y las almas por Dios abandonadas.
Hombre de acompañadas soledades,
de inadmisibles guerras interiores
y visiones a nadie confesadas.
HOMBRE que pide a gritos las llaves del olvido,
doblado por el peso brutal de la memoria.
Hombre de mil derrotas, ajeno a la victoria
y en la raíz del sueño cruelmente dividido.
Hombre crucificado de límites y herido
de tiempo inevitable y angustia perentoria.
Hombre fijo a los clavos punzantes de la noria
de este ser que viviendo se irá sin haber sido.
Hombre que anhela y busca un hilo de armonía
y vive en un nervioso y eterno sobresalto
como náufrago en isla por áspides poblada.
Hombre cansado y triste y en trance de agonía
y que aguarda su muerte para dar el gran salto
del llanto de estar vivo al gozo de la nada.
JUAN CERVERA SANCHIS -México-
jueves, 17 de mayo de 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario