Quema el viento
que avizor,
besa mis venas
como un roce en un vals.
Mientras, en la otra esquina,
la de la orilla malva, la punta del alma
como gritos enjaulados en el silencio del sufrimiento,
irrumpe,
interrumpiendo la prescripción de los días
cual vulgar crédito incobrable.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
Velarde y el pregón de la feria de 1976
Hace 5 horas
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