Diabla
como quemas mis labios
que no dejan de temblar, arder
mientras recorren la geografía de tu cuerpo
Mientras
cruzan por ríos envenenados
por valles arrasados por el fuego
y caen en todas tus celadas
Pero mis labios no se detienen
no conciben otra ambrosía que tu piel
No se detienen
no importa que les muestre sus heridas
o sus manos vacías.
CARLOS E. FUENMAYOR GARCÍA -Venezuela-
martes, 17 de abril de 2012
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