Se nació por tu presencia,
por la ambrosía de un perfume sagrado.
Donde la evidencia
de aquella ciencia,
es la suma de algo unificado.
Como números nacidos,
de dos tierras que se han encontrado.
En mundo perdido
y tan dividido,
en el que un todo, fue devorado.
Así nos consumieron
con unos dedos, que ya no aferrados.
En si se cayeron
y sucumbieron,
sin conseguir estar desarrollados.
Se nació por tu presencia,
por un nombre que siempre ha guiado.
Por la omnipresencia
de ver tu creencia,
que nos hizo amarte, tan olvidados.
Ricardo Campos Urbaneja.
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