Que muerte más trágica.
Ésa la del olvido.
Que muerte más trágica.
Aquélla la de la espera.
Muertes todas que de
momento a momento
el tiempo vuelve etéreo.
La llegada que no llega.
Muerte que se entraña
en el estómago calcinado.
Muerte en la que uno se sienta,
se para, camina, y finalmente
se recuesta en la ensoñación
de estar frente a ella…
GILDARDO CARRIÓN
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