viernes, 22 de abril de 2016

NO TODO ES DESIERTO EN EL DESIERTO


          En los tiempos en que gobernaban los poetas se castigaba duramente a quienes no lo eran, como el caso de ése que fue abandonado en el desierto donde, sin embargo, no murió de sol, ni de frío, ni de sed de hambre, ni de hambre de sed, ni de no saber nadar cuando el viento hacía oleajes de las dunas, ni de inmensidad, ni de ausencia de oasis o lluvia o manta en la noche de fiebre. Y ni siquiera murió de muerte.
          Se hizo espejismo.
          Sus camaradas de fulgor coinciden en reconocer que nunca hubo en el desierto un poeta como él en el viejo arte de crear visiones de la nada.

Eugenio Mandrini -Argentina-
Compartido por Rolando Revagliatti

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