lunes, 18 de abril de 2016

GIRO DEL DESTINO


“Estaba escrito que yo debería ser leal
a la pesadilla de mi elección”.
Joseph Conrad, El corazón de las Tinieblas

Unos amigos de España me enviaron un video casero de una pareja argentina teniendo sexo. Como la chica gemía “Ay, Ricardo” pronto se delató la broma: ese es mi nombre. Pero había más. El fauno se desfogaba con mi voz.
Quiero ser muy claro: mi propia voz. Tono y palabras que solía usar en tales eventos. No se me parecía en nada y sin embargo era igual en todo lo demás.
Paranoico imaginé grabaciones secretas para doblar escenas eróticas. Imposible, estoy entregado al celibato. Conjeturé que habían capturado mi voz para procesarla y darle vocabulario de mi alter ego. Pero vivo encerrado. Pasado el brote narcisista advertí la idiotez.
Carezco de fortuna, llevo una vida gris.
No he sufrido chantaje o burlas. Era todo muy extraño. Un sobrino hacker me ayudó a buscar el origen del video.
Con no poco esfuerzo logramos localizarlo en la Deep Web. A medida que allanamos cerrojos y encriptados, un mundo subterráneo se fue develando con pasmosa novedad. Negocios, conspiraciones, crímenes y pornografía irrespirable se anida en las profundidades de direcciones generadas dinámicamente. Días enteros nos llevó dar con el administrador del sitio pero una madrugada nos respondió. El chat fue errático y absurdo. Asumimos que era otra cortina de humo. El hombre exhibía tanta o mayor perplejidad. Y no poco enojo. Al principio no entendíamos. Nos trataba de aberración cibernética. Creíamos que se refería a la violación de sus protocolos de seguridad. Pero nos insultaba. Insistía en llamarnos defecto de programación. De alguna forma empezamos a intuir que algo no estaba bien. Nos asaltó una angustia indigente. El administrador
repetía que éramos un fallo de respuesta, una anomalía en los comandos.
Abandonó el chat y durante un rato miramos hipnotizados el cursor titilante.
En otra computadora hicimos algunas pruebas. Empecé a sentirme descompuesto. Quizás no fuéramos más que marionetas de sofisticado diseño. La pesadilla soñada por el programador de
un juego para adultos. Volvió. No, era otra persona: “El desarrollador”. Fui incapaz de seguir leyendo. Lo único que recuerdo es que iba a resetear el sistema.

Pablo Martinez Burkett (Argentina)
Publicado en la revista digital Minatura 148

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