El tiempo maldito
se ha detenido,
entre bodas de alabastro y granito.
Recalca obstaculizado la manecilla,
con grumos manchados de sangre.
Fétidas almas muertas
exhalan morbosos recuerdos:
ruinas grises.
El cemento coagulado por ellas.
Zapatos sin pies
caminan sobre campos de minas.
La carne está llena de ellas.
Sin estallar.
DIMITRI RUGGERI
Publicado en Periódico de poesía 87
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