Volver, regresar,
a mi antigua leyenda
o a mis primeras poesías.
Camino azul quebrado de pájaros
o de música simple.
Negar, olvidar,
que el camino tiene un final
que soy sabio de algo que no comprendo
sobre la naturaleza de las horas
en el final del día.
Viento que te fuiste, la arena consumió mi tiempo
sobre el horizonte antiguo, en distantes soledades.
Cansado de caminar un día con el sol en mis ojos,
pronuncié incansable en el silencio de mis huellas:
No habrá profecías sin profetas y no habrá dioses
si antes no muere un hombre, mártir de soledades.
Marchito, fatigado,
de tropezar siempre
con la misma suave piedra,
un canto hexámetro del aedo olvidado
sobre la caliza eterna.
Agotado, hostigado,
de soñar erráticas quimeras,
hieráticas emanaciones de la lejanía
sobre la piel de un hombre
tendido en la arena.
Cuando muera un hombre en el profundo desierto,
de golpe se habrán terminado todas las preguntas
por no haber nadie de quien obtener las respuestas.
Y miro hacia atrás y veo mi contorno en esa arena
Y veo a un hombre que recuerda que fue un Dios,
pero solo es otra leyenda, solo es un ciego profeta.
No veo los pájaros. ¿Dónde se ocultan?
¿Quién escondió sus alas?
Si surge un dios es que ha muerto un profeta
y entonces ya no habrá más poesía.
Vuelvo si, regreso,
no hay humo ni fuego que me impida mirar mis huellas.
Predicaré en este destino manifiesto
donde solo hay hombres nuevos
y un suave llanto de arena.
JORGE LACUADRA (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)
Publicado en Gaceta Virtual 112
No hay comentarios:
Publicar un comentario